leonem mortuum etiam catuli morsicant
“Al león muerto, hasta los perros lo mordisquean”.
Después de 40 años de cobarde complicidad con el dictador, la ONU, de quien Gadafi dijo que es un órgano ejecutivo “sin valor" se decide a mordisquear al león herido. No deja de sorprender la reciente decisión del Consejo de Seguridad de la ONU al aprobar una resolución que pone a Muamar Gadafi contra las cuerdas, castigado por su represión contra los manifestantes de Libia y, sobre todo, perseguido como un criminal que, todavía supuestamente, ha cometido crímenes contra la humanidad coincidiendo con que el dictador está acorralado.
La prensa internacional se escandaliza al descubrir que Gadafi colocó unos 3.490 millones de euros en una cuenta privada en el Reino Unido, país donde Gadafi ha depositado la mayor parte de sus reservas de líquido en el extranjero, estimadas en más de 23.000 millones de euros, pero no se escandaliza de que desde hace décadas, este país albergue este dinero sin ponerle mala cara. Todos se ofuscan de la inmensa fortuna del dictador cuando decena de ellos aparecen públicamente en el “ranking” de los más ricos del planeta. Citando sólo algunos, tenemos a Hosni Mubarak, en Egipto, con una fortuna estimada en unos 200 mil millones de dólares guardada en cuentas suizas y británicas, así como en bienes raíces en Londres, Nueva York (Manhattan), Los Ángeles (Beverly Hills) y en las zonas más caras de la costa del Mar Rojo. También Teodoro Obiang, dictador de Guinea Ecuatorial desde el año 1979, que comenzó su carrera militar en la academia de Zaragoza - sí, sí, en España- y alcanzó el grado de Teniente durante el gobierno de su tío, Francisco Macías (gran admirador de Adolf Hitler), a quien derrocó y ejecutó en 1979. Se dice que Obiang goza de una fortuna de 700 millones de euros. Omar Hasan Ahmad al-Bashir que cuida los ahorritos de Sudán desde 1989; si bien no se sabe con exactitud su fortuna, lo cierto es que Sudán es un país cuyos habitantes viven en la extrema pobreza, donde no existe la libertad de expresión y en contraposición, el PBI por habitante es altísimo, dado al grado de reservas de petróleo que existen. Cada decisión del país la toma su presidente sin consulta alguna, lo que hace que si bien no se sabe cuál es la fortuna propia de Al-Bashir, pero sí la de Sudán, que maneja Al-Bashir a su gusto. En los bancos suizos, hubo también dinero de Idi Amín Dada, el dictador de Uganda, un hombre formado en el ejército colonial británico, de Bokassa, un dictador que se apoderó de la República Centroafricana y se proclamó emperador en 1976; otro personaje formado como militar que incluso consiguió la Legión de honor y Cruz de guerra por el ejército francés (El presidente Giscard D’Estaing era amigo y defensor de Bokassa y recibió algunos diamantes como muestra de amistad), de Mobutu Sese Seko, el dictador del Zaire, actual República Democrática del Congo y antiguo Congo Belga, una colonia que no es que fuera belga sino más que nada propiedad del rey Leopoldo de Bélgica. No se dijo donde guarda su dinero, pero Fidel Castro fue incluido en la lista 2006 de la revista Forbes como uno de los "reyes, reinas y dictadores" más ricos del planeta, con una suma de 900 millones de dólares, ocupando el séptimo puesto de la prestigiosa publicación, y todo el mundo callado. Augusto Pinochet obtuvo unos 21 millones de dólares durante su paso por el gobierno pero fue un “pecado de juventud”. El general Jorge Rafael Videla, en Argentina; nunca se supo que pasó con todo el dinero que se pidió en créditos internacionales durante su paso por el gobierno; lo que se cree es que no fue sólo un militar enriquecido, sino que fueron muchos los que se enriquecieron durante ese período. Frank Bainimarama, en la Isla de Fiyi, en Oceanía, desde 2006, uno de los dictadores más recientes a quien nadie se atreve a preguntar de dónde vienen sus ahorritos. Luego, tenemos una lista de individuos que, si no son verdaderamente dictadores, no dejan de ser parásitos, el Sultán de Omán, entre otros, acumula una fortuna inconmensurable. El jeque Hamad bin Jalifa Al Thani, emir de Qatar, Abdalá bin Abdelaziz al-Saud, Sucesor del Rey Fahd en Arabia saudí, Sabah IV Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah el actual Emir de Kuwait, y Hamad bin Isa al-Jalifa, Rey de Bahréin, sin contar con los 18 Reyes variopintos sembrados por la geografía africana, entre Camerún, Ghana, Nigeria, Benín, Congo y Sudáfrica, van chupando alegremente del bote común. ¿Y qué tal si preguntamos sobre el origen de la fortuna de una cierta familia Franco de España y la del Vaticano para poner un poco de picante a la salsa?
El nigeriano Wole Soyinka, el único escritor de África negra que ha recibido el Premio Nobel de Literatura, no ha dejado de denunciar las dictaduras que martirizan el continente africano; el autor de El hombre ha muerto condenó en el 96 en Madrid a los Gobiernos y multinacionales europeos que, siguiendo intereses políticos y económicos, respaldan a las dictaduras africanas; "Si las naciones europeas dejaran de apoyar de forma directa o indirecta a muchos regímenes detestables en toda África el problema de la emigración empezaría a tener una solución. Si estas naciones apoyaran la democracia en África contribuirían a evitar la llegada de muchos miles de africanos que huyen de la tortura, de la represión y de las durísimas condiciones de vida de sus países".
La maldición de África es su riqueza; el oro, los diamantes, el petróleo y el coltán siguen siendo las «joyas de la corona» de una economía mundial que dice empezar a surtirse de recursos más abstractos. Sin embargo, nadie se olvida de África, al menos nadie que desee enriquecerse de verdad; y es natural; el continente más pobre del mundo alberga el 50 por ciento de las reservas mundiales de oro, 45% de los diamantes y 80% del «oro gris» (coltán) con que se fabrican teléfonos móviles, ordenadores y misiles. Sólo el 10 por ciento de los beneficios de la extracción de los recursos naturales se queda en el continente para engordar a las élites y en buena parte para financiar a las guerrillas y milicias de oposición que suelen controlar las minas de diamantes y de oro, y sin cuyos «permisos» ninguna empresa transnacional –de las al menos 39 que denunció Naciones Unidas hace ya muchos años– podría comenzar o continuar su labor extractora.
¡Dejemos ya de hipocresía! Nadie ataca a un león cuando el campo está lleno de ovejas; decía Bernard Shaw; y no le faltaba razón.
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